Guía tus pasos a contracorriente,
en contra de todos tus deseos,
en contra de todos aquellos que tengan amor que ofrecerte.
Ahoga tu mirada, tu voz y tus gritos,
y sumérgete en una calma de eternos
y extraños escalofríos.
Corre a su lado como un niño pequeño,
muerto de sed, de hambre y de miedo.
Sed de confianza, hambre de amor, miedo por perderte...
Miedo por seguir permaneciendo en ese estado.
Inerte.
Abrazando sus trazos después de haberte escapado.
Después de haber ido a contracorriente.
Después de haber ahogado tus lágrimas contra sus muslos
agarrando su mano, sin poder controlar tus espasmos
y tus gritos.
Mientras ella acariciaba tu cabello y en bruscos
momentos de dolor
Te decía: "Cálmate y cuéntamelo..."
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